NOTA

  • 26 Julio, 2021
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Vivencias...en un año muy especial...

lidia

Lidia María Benítez

 Era marzo del 2020 ( parece que fuera hace un siglo) y me preparaba para encarar mi último año como docente de Bioestadística y Estadística de la Facultad de Cs Naturales y de la UNT, que había comenzado en setiembre de 1974. Muchos, muchísimos años ejerciendo y haciendo lo que más me gustaba, ser DOCENTE, lo escribo con mayúscula porque es algo mucho más que dar clases... es un mundo en sí mismo. Pensaba... Bueno será un año para disfrutarlo más y quizás un poco más relajado... qué equivocada estaba, no tenía, en realidad nadie tenía idea del tsunami (así lo sentí al comienzo), llamado Covid-19, al que íbamos a enfrentar. Debo confesar que al principio creí que no íbamos a desarrollar la materia, que sólo duraría poco tiempo esta pandemia y que nos conectaríamos con los alumnos solo como contención y para ayudarlos a que no se sientan desamparados... nuevamente qué equivocada estaba...Cuando creemos que manejamos y sabemos todo, nos damos cuenta que no somos más que un engranaje de algo más grande, esta reflexión va no para bajonearnos, sino para saber que en realidad todos y cada uno de nosotros es importante y tiene un rol que cumplir y que aunque se nos venga el mundo abajo siempre hay algo o mucho de positivo para rescatar. Por supuesto que siempre depende de cada uno de nosotros.

Bueno, el comienzo de las clases virtuales fue para mí catastrófico, me encontró sin una computadora adecuada, pero gracias a Dios como siempre tuve la ayuda de mi esposo, una persona sin la cual no hubiera logrado todo lo que logre, todo lo que aprendí, todo lo que fui superando día a día en ese 2020, tan triste por todo lo que estábamos viviendo y seguimos sufriendo...El dar clases, el contacto con los alumnos que también fueron maestros en muchos aspectos, era como un bálsamo en medio de tanto desastre...

Me adapté rápidamente...yo misma me sorprendí del potencial qué tenemos los seres humanos para sortear los obstáculos...pero en algunos momentos si lo pensé..."pero como no me retiré antes", hoy me provoca una sonrisa como un mimo hacia mí yo interior, porque después me encantó conocer y experimentar la virtualidad en la enseñanza.

Todo fue una vorágine, con clases, con contacto con mis queridos alumnos (se conectaban prácticamente la mayoría), me daban esperanza y me alentaban a mejorar todas las instancias pedagógicas a las que podía recurrir para ayudarlos a entender mejor la materia. Ellos usaban todo lo que subía al campus, me daban señales que estaba en el camino correcto. Alumnos que habían cursado la materia hacia 2 o 3 años y querían rendir el final, me dijeron que esas clases grabadas les habían ayudado muchísimo, porque era como si la volvieran a cursar a la materia, eso me confirmaba que todo el esfuerzo no era en vano.

La virtualidad me hizo dar cuenta que no hay horarios...es un continuo...los alumnos consultaban en cualquier momento, cuando se le presentaban las dudas mientras estudiaban. Para mí era fantástico que consulten, porque eso me decía que estaban siguiendo la materia, respondía inmediatamente tratando que no se corte ese momento "mágico".

Con la virtualidad descubrí que los lazos y la relación que genere con los alumnos eran mucho más profundos que en la presencialidad...no sé, pero los sentí tan cerca a mis alumnos, tan amorosamente parte de mi vida...fueron un apoyo tan valioso en momentos tan difíciles que me tocó vivir con mi esposo internado por los efectos colaterales del Covid-19, que la verdad no los olvidare jamás. Todos mis alumnos a lo largo de estos años fueron muy importantes para mí, pero mis alumnos del 2020 y 2021 (los tuve sólo un mes) quedarán grabados para siempre en mi memoria, como un recuerdo inolvidable de esa maravillosa experiencia de las clases virtuales.

La verdad, fue todo un descubrimiento, con todo lo que eso implica...muchísimo esfuerzo de parte de alumnos y docentes y de la Institución. Todos acompañaron desde cada lugar, desde cada Secretaría, desde cada espacio, enseñando y ayudando para solucionar cada inconveniente que se presentaba, siempre dispuestos a dar la mejor. La virtualidad también, oh sorpresa!!! me ayudó en mi transición hacia la jubilación, el año y medio sin ir a la Facultad me cambió la rutina y comencé a saborear la libertad de hacer lo que quisiera y en el momento que quisiera, eso la verdad, no tiene "precio". Me permitió no extrañar el ir a la Facultad y eso era importantísimo en todo este proceso. El último día con mis alumnos no lo olvidaré jamás, me hicieron una despedida espectacular!!! Nunca me imaginé lo que iba a ocurrir...mis alumnos de todos los años se conectaron a lo largo de una hora y media saludándome, diciéndome cosas maravillosas y los distintos recuerdos que tenían. Son en definitiva nuestros mejores jueces y me sentía amorosamente reconocida, entonces dije..."tarea cumplida", qué más se puede pedir...

Fueron 47 años de docencia trabajando en total libertad, fui muy feliz y me siento muy feliz, dando paso a una nueva etapa que será hermosa sin lugar a dudas. Una última reflexión, creo de todas maneras respecto a la virtualidad, que nada reemplaza las clases presenciales, una combinación de ambas, seria quizás lo ideal.
Agradezco a Pablo Sesma esta invitación y aprovecho para felicitarlo a el y a todo su excelente equipo, por el incansable trabajo que realizan y el gran crecimiento que lograron en la Secretaria de Posgrado.